Llega un momento en la vida, de todo hombre o mujer, en el que sus decisiones forjarán su destino, y sus caprichos detonarán el augurio de sus emociones. Siendo libremente tranquilo o quizá intrépido, las vicisitudes que me rodean dejan un sin sabor experimental en mi vida de manera tajante, en la cual no puedo encontrar lo que desearía fuera una paz sin pugna.
El ser por naturaleza busca ser; más que alguien, algo. Debido a su angustia busca el reconocimiento de la sociedad; se le mira como un objeto, un imaginario o simplemente un estereotipo. En circunstancias ajenas a mi entendimiento me veo en la penosa situación de ser juzgado por mi “autonomía”; vaya concepto más trillado y poco útil para describir mis labores sociales. Tiendo a reclamarle a la cultura que me cobija a cerca de este ciclo clandestino o en ocasiones bastante liberal que me juzga bajo sus manos consoladoras. No le rezo a la virgen, no me muero por el futbol, no me gusta el vallenato, decido no ponerle barba a Dios, no me gustan las rumbas, detesto el humo del cigarrillo, no considero necesario abducirme en estados alucinógenos, no creo en el ahora -pero sí en un futuro-, no amo la investigación, detesto al que presume lo que no entiende, me hostigo de las criticas socio-individuales, considero la farándula el peor vicio, no tolero que el mundo resuma su problemáticas y bendiciones en una palabra, me desgasta escuchar las mismas canciones, ver los mismos borrachos, y sentir el mismo hedor de la pólvora en navidad, aun no comprendo la verdad científica y ultimadamente considero que las mejores materias de mi carrera pertenecen al ciclo humanista.
Dígame usted que consideraría de un extraño que habita en la zona más árida del infierno ¿Le tendría pesar si merece el lamento? Su muy volátil e indiscutible lógica con moral paupérrima seguro no le amordazaría ¿verdad? Me encuentro en migo mismo y me disculpo ante mis ancestros patriarcales. Aún no he comprendido la sangre que derrocharon sus palabras, pues mi libertad todavía vive atada a sus barcos. Pero… tan solo en ocasiones, más bien en tiempos, micras o solo en deja vús, desearía hacer de mi mundo el más simple. Repetir sus palabras, celebrar sus goles, envidiar vidas perfectas, trasnocharme con una puta, ir los domingos a misa, embriagarme en las aduanas… ser aceptado, así sin más y sin reproche, relajar mi alma en la brisa y escribir mi testamento en la cama de un motel.
La gente no lo siente, pero me harto de callar. Escucharles en la mañana, tarde y noche con su lengua circuncidada, ver que el sol nos quema la espalda y así toda la vida pareciese una lucha. Y por todas las comas que le he puesto a este texto y las que no quise poner para no amenizar la historia, he decidido vivir bajo el pensamiento que no existe en mi escucha, no lo comparten todas las voces y que no lo puede leer un youtuber… he decidido venderle mi alma a las letras que están en mis zapatos, bolsillos, interiores y manillas… he decidido ser éxtasis para mi lápiz.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario