Estamos enterados de los términos que clasifican lo entendible. Circulan los sonidos, las vistas, los aromas y alucinaciones cautivas en el espacio. Entendemos lo que no hicimos y le dimos nombre a lo que no es nuestro. Rehacemos lo establecido y configuramos los dogmas que nos han hecho leyes; leyes tan elementales que canonizan la monotonía, ya no trascienden el entendimiento… son solo palabras. Un lenguaje que de manera inconsciente sabe más de sí mismo que nosotros de su sentido.
Nuestro escape es algo imaginario -¡Existente!- En el sentido del verso. Haría más falta la luna a los ojos terrestres desde la costumbre que desde su naturaleza. Entonces cercenaría el no saber al sentir… ese sentir que sabe que no entiende pero sin duda le siente tan cercano que no dudaría en divulgar su verdad.
-¿Verdad?- otro imaginario que no tiene imagen, tiene video. Tan seguro y tan claro su significado en mí hasta que no lo puedo enseñar. Le conozco, lo sé… no le defino; Quizá, entonces ya no sea verdad. Le he sentido como lo que soy yo: una palabra árida en el diccionario. Una acción a la deriva de mi traumatismo. Le obedezco porque he nacido aquí… en las tierras que dieron nombre a lo que no entiendo.