En un instante en el espacio, la suerte se encontró con la casualidad. Una línea pintada por monotonía me condujo hacia la espera. En el ápice de la terminal un alma en pena roba mi intriga. Con más o menos 26 primaveras invernadas, cubre su sombra con el velo de la mafia italiana, hijo de la tribu Padang, arlequín de casting. Mi mirada es usurpada por los jinetes del nuevo mundo que descienden de sus arcas. Un caballo le lastima. Doliéndole su ira muerde el puñal, y con vinagre en sus pupilas relincha al viento. Como la esquina de una mesa que golpea siempre el mismo dedo le acusa de atentado. Como político en cólera busca su trono.
Sus horas me persiguen, me añaden a su lista de favoritos. La bengala marca el lugar mientras a su lado alguien llena la copa de su angustia. Le mira entre su hombría… le faltaba un botón.
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