lunes, 29 de agosto de 2016

Un rollo de agua



Debe haber alguna clase de empatía entre las letras que imitan lo que ha sido profanado por la vista y retorcido por los oídos. Sin embargo, siempre existe un toque de verdad entre cifrados tan particulares como los escrito. Por mi parte yo no hago más de lo que ya está hecho; no considero un acto conformista mi tranquilidad pero ya ha pasado largo tiempo sin tener que hacer más que escuchar a la vida.

Hay ocasiones tan perfectas, que el tiempo se paraliza con la palabra de un sabio y todo se vuelve un segundo extendido. Mi oído atiende a su consejo, mis ojos beben su verdad y mi mente funciona como un estudio de cine con la promesa de una gran obra. El sonido se pausa para que mi sentido recree el soundtrack perfecto, unos cuantos filtros con escala de azules y grises, un primer plano desde las alturas, enfoque de siluetas, sombras y finalmente un juego de luces que recreen la trama perfecta.

En la primera escena no existe más que el mundo de ella, un ser desconocido, algo joven, tierno y tímido. Seguramente tiene un rostro ideal; piel blanca, cabello liso-castaño, labios carmesí, pómulos ruborosos y dentadura recta. Por otro lado, su coprotagonista le responde a su sonrisa. Atento, seguro y un toque de gracia le hacen el hombre de sus noches .De piel morena, cabello oscuro-corto, ojos oscuros, pómulos redondos y dentadura de riel… de seguro no habrían sido escogidos para chocarse ante mi vista y hacer de este momento una pantomima, pero parecen ser el reparto ideal.

Rápidamente mis guionistas mal pagados trabajan en una historia que encaje entre lo real y lo imposible, el lio de todo buen drama. La segunda escena empieza con un balance sincronizado de manos y dedos. Se sostienen en el aire hasta llegar a sus rostros. Sonríen, se besan y como un acto kamikaze, él, resbala su mano sin paracaídas para peinarle el miedo; ella agacha su cabeza, y como una especie de venia él recibe su encanto. Todo parece ser capturado en 1080p, y mis cámaras son atrevidas, sagaces, o quizá este sea un silencio que merece ser oído.


Finalmente, el tercer acto está listo para empezar. Sin cortes, ni pausas o algún otro chance para rodar, él, recibe su rostro entre sus almohadas y con un silencio sepulcral mira entre sus cejas… ella solo tenía un ojo, pero le sonreía tan profundamente que pareciese que su vista no le desconociera. Sus sentidos le pertenecen a él, y todo lo que emana su esmeralda es la magia que celosamente esconde el tiempo. Su tuerto tiembla con ganas de abrirse solo para hacerlo infinito; ese instante que se roba mi conciencia y da un respiro a mi alma se convierte en un sublime recuerdo que quedará marcado en un rollo de agua que seguro me hará el ganador de un Oscar… ese segundo se hará el rayo de luz que despeje mis tinieblas. Y aquellos vacíos que no narre mi cortometraje se perderán en mi alma como esa magia que me habla en la lejanía; esa voz que escucho que me lo facilita todo. Es esa muestra divina que me enseña cómo sobrevivir dentro de esta jaula mortal en donde mi silencio hace historia.

lunes, 15 de agosto de 2016

Navegando entre mis noches perdidas



Veo salir las horas de sus casas mientras el reloj se suicida.

Veo la mañana perdida caminando entre susurros toscos.

Veo, y no veo los ojos que responda a mi ausencia.

Las pupilas no se tocan ni por coincidencia.

¿Por qué se siente tan frío el calor de la mañana?

Me duele la pereza, me duele el somnoliento del viento.

Aguardo en la esquina de una acera por una ruta que me alcance. 

A través de sus retrovisores contactan dos almas perdidas,

La que me lleva a mi destino y la que conduce para no llegar a casa.

En una especie de danza coreográfica las almas errantes siguen la marea.

Le tengo susto al día que me mantiene sonámbulo.

Me vuelvo claustrofóbico aun cuando estoy en la ventana.

Y justo antes de cerrar mis ojos y acompañar a Morfeo

Veo el jugo del sol licuado por las ramas de un clérigo guayacán

Veo un hombre en medio de la carretera arriesgando su humanidad para salvar la vida de una mariposa incapaz de volar

Veo a un perro detrás de una reja saludando a un indigente como si le conociera de otra vida.

Veo y la veo con mis ojos entre abiertos... respiro.

No sé si era el hijo del sol recogiendo las  alas de un ángel lo que revivió la mañana

O si fue un romance de historia lo que inmortalizó la magia de lo imposible

Lo que me hizo despertar fue recordar los sueños de mis horas en vela

Y encontrar su mirada navegando en mis noches perdidas


No saben de mi…



Llega un momento en la vida, de todo hombre o mujer, en el que sus decisiones forjarán su destino, y sus caprichos detonarán el augurio de sus emociones. Siendo libremente tranquilo o quizá intrépido, las vicisitudes que me rodean dejan un sin sabor experimental en mi vida de manera tajante, en la cual no puedo encontrar lo que desearía fuera una paz sin pugna.


El ser por naturaleza busca ser; más que alguien, algo. Debido a su angustia busca el reconocimiento de la sociedad; se le mira como un objeto, un imaginario o simplemente un estereotipo. En circunstancias ajenas a mi entendimiento me veo en la penosa situación de ser juzgado por mi “autonomía”; vaya concepto más trillado y poco útil para describir mis labores sociales. Tiendo a reclamarle a la cultura que me cobija a cerca de este ciclo clandestino o en ocasiones bastante liberal que me juzga bajo sus manos consoladoras. No le rezo a la virgen, no me muero por el futbol, no me gusta el vallenato, decido no ponerle barba a Dios, no me gustan las rumbas, detesto el humo del cigarrillo, no considero necesario abducirme en estados alucinógenos, no creo en el ahora -pero sí en un futuro-, no amo la investigación, detesto al que presume lo que no entiende, me hostigo de las criticas socio-individuales, considero la farándula el peor vicio, no tolero que el mundo resuma su problemáticas y bendiciones en una palabra, me desgasta escuchar las mismas canciones, ver los mismos borrachos, y sentir el mismo hedor de la pólvora en navidad, aun no comprendo la verdad científica y ultimadamente considero que las mejores materias de mi carrera pertenecen al ciclo humanista.

Dígame usted que consideraría de un extraño que habita en la zona más árida del infierno ¿Le tendría pesar si merece el lamento? Su muy volátil e indiscutible lógica con moral paupérrima seguro no le amordazaría ¿verdad? Me encuentro en migo mismo y me disculpo ante mis ancestros patriarcales. Aún no he comprendido la sangre que derrocharon sus palabras, pues mi libertad todavía vive atada a sus barcos. Pero… tan solo en ocasiones, más bien en tiempos, micras o solo en deja vús, desearía hacer de mi mundo el más simple. Repetir sus palabras, celebrar sus goles, envidiar vidas perfectas, trasnocharme con una puta, ir los domingos a misa, embriagarme en las aduanas… ser aceptado, así sin más y sin reproche, relajar mi alma en la brisa y escribir mi testamento en la cama de un motel.

La gente no lo siente, pero me harto de callar. Escucharles en la mañana, tarde y noche con su lengua circuncidada, ver que el sol nos quema la espalda y así toda la vida pareciese una lucha. Y por todas las comas que le he puesto a este texto y las que no quise poner para no amenizar la historia, he decidido vivir bajo el pensamiento que no existe en mi escucha, no lo comparten todas las voces y que no lo puede leer un youtuber… he decidido venderle mi alma a las letras que están en mis zapatos, bolsillos, interiores y manillas… he decidido ser éxtasis para mi lápiz.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Un sueño hecho desastre



He de confesar que soy una persona con pensamientos protestantes. Esta es una recopilación de arraigos mentales que desde infante han atentado a mi suerte. Supongo que mis deseos me son más importantes aun cuando la tiranía me impulsa a ser más común que lo que me rodea.

He venido describiendo a lo corto de las horas lo que parece una larga y hostigante semana. Es increíble que los días se hagan letras así como mis pensamientos nubes en el espacio que dan sombra a mi cabeza aun en el más caluroso engaño. Me encantaría encontrar una explicación a mis subterfugios pero es que a veces no me gusta estar rodeado del mundo. Quizá es la pereza o un vicio que me excita. Sin importar la razón, mis pies no se cansan de la espera si no mi mente, de lo vació que se encuentra el tumulto fluctuante.

Miércoles 5:53 P.M


En una calle a lo lejano se ven multitudes rezando a sus dioses y demonios; Les abrazan por igual como si fueran hermanos. Mis ojos enrojecen con el aire verde que no calla y mis oídos se hacen sordos con los cantos de una sirena en red de pesca. Que bien se siente caminar en soledad cuando sabes que en ningún callejón te encontrarás un cuchillo; Yo solo abrigo mis bolsillos por si quiere entrar el invierno. Desde niño mis padres me ensañaron como enfrentar la soledad con precaución. Sus gestos de seguridad aun cuando la calle se perdía en disturbio era algo ejemplar. Maleta en frente, billetera en los bolsillos más ajustados y abrir el compas de las piernas para no dejarse alcanzar de la sombra. Lo que parecen ser protocolos de seguridad innecesaria en más de una ocasión me han librado del maligno.

Hasta la fecha he acatado los consejos de mis padres como si fueran un regalo del tiempo. Cuando me miro en el espejo solo los veo a los dos y lo que hicieron de este muchacho. Pero hoy todo cambia ¡Estoy de fiesta “hijueputa”! Que chimba ser paisa de a segundos en el año. Todo lo veo verde y no dudo mucho que una colegiala se haya pintado las tetas. No veo nada más que uniformados con puntos en sus cabezas pero una voz al fondo del bulevar proclama "Rápido" "Rápido" llegaron Jesús y sus apóstoles con aire acondicionado. Saquen todos los ramos de maticas, los inciensos y la mirra blanca… es en esos segundos en los que pregunto si a dios le han de gustar sus rituales suicidas.

Entre tanta llama me hago leña al caldero y brasa entre sus palmas. Si los santos iluminan el cielo con sus "guevos" hoy habrá un milagro. El peso de los bolsillos se hará ligero, extenderemos nuestras manos hacia el cosmos para extirpar una estrella, los humos de las nubes caerán a nuestros pies y todo aquel que se arrepienta no irá al infierno en el camión negro. Corramos mis valientes compatriotas a recibir los jinetes celestiales. Salten sillas, rompan mayas, quiebres sus copas para abrasarles, toquen la intangibilidad de sus alucinaciones para que juntos ganemos la copa. No obstante, en mi mente hay un tifón que arrastra todas aquellas imágenes que me perturban y se cuela en mi subconsciente una duda ¿Soy normal? Al parecer soy el único que tiene miedo de que ganen el cielo o aun más que se arrastren en el infierno.

Que duro es ser un hincha cuando te apuntan por la espalda o cuando te obligan a saltar hasta que te sangren las piernas. Que duro me es no ser esclavo de mi arrogancia pero es más duro no complacer al pueblo con su propia balada. Déjeme decirle que un instintivo deseo algo ególatra me hace presentarme ante la gente como compositor, así que me tomé la osadía de homenajear a mi hinchada fiel. Disculpe de ante mano si desafino o no riman las palabras; lo hice con un tanto de mareo del aire que aun yace en mis pulmones.



El que no salte le van a robar Ole Ole- Ole Ola


El que no salte lo voy a quemar Ole Ole- Ole Ola


Tráigame un porro “hijueputa” que me voy a alocar


Traiga una copa “hijueputa” hoy me voy a embriagar


Póngame a saltar policía que no puedo parar


Que Hoy ganamos la copa y perdimos la humanidad


A veces me pregunto si todo lo que se escucha duele o todo lo que se habla importa. Me gustaría pensar por un momento que todos los hinchas son niños que no saben lo que cantan o que tan solo les pareciese una bonita tonada en otro idioma que no pueden traducir porque no tienen Google translate. Si la palabra no importase de seguro el insulto no doliese, y si no hay dolor no hay rabia, y si no hay rabia… bueno, ya no habría Fútbol.