lunes, 15 de agosto de 2016

Navegando entre mis noches perdidas



Veo salir las horas de sus casas mientras el reloj se suicida.

Veo la mañana perdida caminando entre susurros toscos.

Veo, y no veo los ojos que responda a mi ausencia.

Las pupilas no se tocan ni por coincidencia.

¿Por qué se siente tan frío el calor de la mañana?

Me duele la pereza, me duele el somnoliento del viento.

Aguardo en la esquina de una acera por una ruta que me alcance. 

A través de sus retrovisores contactan dos almas perdidas,

La que me lleva a mi destino y la que conduce para no llegar a casa.

En una especie de danza coreográfica las almas errantes siguen la marea.

Le tengo susto al día que me mantiene sonámbulo.

Me vuelvo claustrofóbico aun cuando estoy en la ventana.

Y justo antes de cerrar mis ojos y acompañar a Morfeo

Veo el jugo del sol licuado por las ramas de un clérigo guayacán

Veo un hombre en medio de la carretera arriesgando su humanidad para salvar la vida de una mariposa incapaz de volar

Veo a un perro detrás de una reja saludando a un indigente como si le conociera de otra vida.

Veo y la veo con mis ojos entre abiertos... respiro.

No sé si era el hijo del sol recogiendo las  alas de un ángel lo que revivió la mañana

O si fue un romance de historia lo que inmortalizó la magia de lo imposible

Lo que me hizo despertar fue recordar los sueños de mis horas en vela

Y encontrar su mirada navegando en mis noches perdidas


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